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A Los Heridos por los Pecados Sexuales: Primeros pasos para la Curación

Por el Padre Peter A. Heers, D.Th. & Traducido por Daniel Trueba

 

Introducción

En los últimos meses, The Orthodox Ethos ha publicado dos breves extractos sobre los pecados sexuales y la curación que han generado más de 130.000 visitas. En respuesta, hemos recibido muchas cartas pidiendo ayuda. Las cartas suelen contener algo parecido a los siguientes sentimientos.

 
Querido Padre,
Estoy sufriendo... necesito ayuda. Crecí yendo a la iglesia [generalmente protestante] durante mis años escolares. Sin embargo, no me tomaba lo suficientemente en serio como para haber leído siquiera un libro de la Biblia. Después de haber encontrado recientemente la ortodoxia en Internet, pienso visitar pronto una iglesia ortodoxa cerca de mí. La razón por la que le escribo es que he estado sufriendo una enfermedad desconocida, de la que mi médico está teniendo dificultades para diagnosticar. Me siento medio vivo. Estos síntomas comenzaron justo después de una noche de promiscuidad. He abusado mucho de mi cuerpo. ¿Hay esperanza para mí? ¿Puedo ser perdonada y curada?

Permítanme responder a este y a todos los gritos de ayuda similares: Sí, hay esperanza. Siempre hay esperanza. No hay accidentes en la vida, hermanos míos. Cada uno de nuestros pasos se da dentro de la providencia de Dios. Él trabaja con nuestra libertad - respondiendo a cada uno de nuestros buenos deseos para Él. Que uno haya llegado a este punto - para sentarse y escribir a un sacerdote ortodoxo pidiendo ayuda - significa que la curación del alma y del cuerpo que Cristo extiende a cada pecador no está lejos. La pereza, las noches oscuras y tenebrosas del libertinaje han llegado a su fin donde se han reunido las fuentes de las lágrimas.


"Que ese mismo Dios te perdone todo, por mí pecador, tanto en este mundo presente como en el venidero, y te ponga sin condena ante su temible Tribunal. Y ahora, no teniendo más cuidado por los pecados que has declarado, vete en paz"

Como en la base de toda montaña, ahora habrá que hacer un esfuerzo, un buen comienzo, para ascender, pero esto es más de la mitad de la batalla. La valentía y la abnegación deben sustituir ahora a la indiferencia y al amor propio. La oración de corazón, la paciencia, que requiere humildad, y la confianza deben surgir de las cenizas. Si te conviertes en un "paciente" y vas a la "sala de espera" del Médico, Él te recibirá en su hospital. Qué "clínica" concreta visitarás, no lo sé, pero debes ir a una parroquia cercana. Tampoco sé hasta qué punto los "médicos" ahí trabajen -o no- en cooperación con el plan de salvación de Dios para ti y para todos los que les rodean. La gente es libre, por supuesto, de trabajar en armonía con el plan de Dios, o no. Pero, en el análisis final, esto no es un factor definitorio. Vas al hospital de la Iglesia para la curación de tu alma y de tu cuerpo, y al igual que en un hospital para el cuerpo donde no vas porque, o a pesar de, los otros pacientes, así también en el hospital de tu alma. Todos estamos allí para el Médico Principal, el único sin pecado, del que tanto el personal como los visitantes son pacientes.


Tú preguntas: ¿Qué necesito para obtener el perdón de mis pecados de Dios y para que mi cuerpo sea restaurado?

Lo mismo que todos: volver a Dios. Reorientarse hacia Él. Arrepentirse. (Estos tres son sinónimos.) Pero así como llegaste al estado trágico en el que te encuentras ahora con el tiempo, también la restauración tomará tiempo. Dependiendo de tu deseo y celo para poner en práctica la terapia (Su voluntad, Sus mandamientos), encontrarás la curación para tu alma y tu cuerpo. En cuanto al "analgésico" inmediato y poderoso - la oración - es bueno decir estas dos oraciones cortas tanto como sea posible - continuamente si es posible:


- Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí.
- ¡Santísima Madre de Dios, sálvanos!

Su misericordia es nuestra vida. Su "salvación" es llevarnos a Él y mantenernos con Él. En tu alma, clama a Dios y pídele perdón. Dile, de corazón: He pecado, Señor; he pecado ante Ti, y no puedo levantar la cabeza por la multitud de mis pecados. Pero, sé misericordioso, oh Señor; ten piedad de mí y sálvame. Reza continuamente breves oraciones en tu corazón, como éstas


¡Sálvame, que estoy desesperado!
Ilumíname, que estoy oscurecido.
¡Purifícame, que estoy manchado!
¡Límpiame a mí, que estoy manchado!
Humíllame a mí, que soy orgulloso y arrogante.
Escúchame a mí, que soy perezoso y lujurioso.
Enséñame a mí, que soy mudo.
¡Acéptame a mí, que soy inaceptable!
¡Sálvame a mí, que estoy perdido!

Ve ahora a un hospital espiritual cercano el sábado por la noche, temprano, antes de la vigilia. Habla con el sacerdote-médico y pregúntale si está bien ir a verlo, para hablar con él. Si por la providencia de Dios resulta que esta parroquia o este sacerdote no están en condiciones de asistirte (o tú no estás en condiciones de aceptar su asistencia), busca otra "clínica" no muy lejana a ti. De la misma manera que buscas un buen médico para tu cuerpo, necesitas hacer lo mismo para tu alma, con la diferencia de que cada parroquia tiene el mismo médico -el Señor Jesucristo- aunque los ayudantes del médico cambien. Sin embargo, a veces estos ayudantes pueden ayudar realmente y otras veces pueden ser menos que útiles. Y también hay "médicos chiflados", charlatanes, que no están "certificados" y no conocen las artes de la curación; estas son las diversas alternativas heterodoxas. Ciertamente tienen buenas intenciones, la mayoría de ellos, pero no están bien informados ni capacitados, por lo que es mejor no ponerse bajo su "bisturí."


Así que, ve a ver a Cristo, el Médico, en su enfermería del hospital más cercano. Reza mientras vas. Pide a Cristo que te ayude y te guíe. Y yo también rezaré por ti. Ahora que has llegado hasta aquí, ¡no te preocupes! El Médico está en esta Casa. Nuestro Padre está de pie, esperando tu regreso (arrepentimiento). No te demores, pero tampoco te angusties. Confía en Él en cada paso del regreso, porque Él te ha guiado, o más bien te ha llevado, todo el tiempo.

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